Los colombianos iniciamos el mes de marzo del 2011 con un alza en los combustibles de doscientos diez pesos ($210), tanto para la gasolina como para el ACPM, debido a que el Gobierno Nacional dentro de sus cálculos determino que era justificada esta alza.
Pero este incremento no es un capricho ni tampoco es el resultado de factores netamente internos, es el resultado de vivir en un mundo globalizado donde las mercancías ya no se limitan a definir su precio en la plaza de mercado de un pueblo o ciudad sino que ahora lo hacen en los mercados internacionales.
La tensión de vivir en bajo libertades limitadas y violaciones a los derechos humanos por parte de gobernantes autoproclamados y en apariencia invencibles, causó que pueblos de África y Asia se hayan levantado en rebeldía contra sus opresores. Primero fue Túnez, después Egipto y ahora son Baréin, Yem
en y Libia.
Este último país es el que más ha ocupado los últimos días los titulares de prensa que llegan a nuestro país debido a la manera como el gobierno de Muammar al-Gaddafi respondió violentamente contra los manifestantes y como la oposición ha ganado importantes conquistas, denominadas históricas, para un país que nunca ha conocido la democracia.
Además de las pérdidas de vidas humanas y los costos sociales que significan este tipo de revueltas, los mercados internacionales han respondido frente al nerviosismo que les causa la inestabilidad política de la región.Este nerviosismo se encuentra justificado porque la mayoría de estos países son los mayores productores de petróleo del mundo y los que no los son están ubicados estratégicamente para la distribución del crudo. Debido a la alta dependencia que todas las naciones tienen del petróleo es obvio esperar que estas reaccionaran preocupadas ante posibles desabastecimientos de tan preciada materia prima.
En los días más recientes, el precio del barril de petróleo ya lindaba con los US$100 debido a la presión de los compradores internacionales por asegurarse provisiones importantes del famoso “oro negro”.
Por nuestra parte, en Colombia nos ha llegado el efecto de los deseos de democracia de pueblos distantes.
Aunque somos productores de petróleo, el precio al que lo consumimos internamente está atado a los flujos de los precios internacionales del mismo y a la tasa de cambio debido a que el Estado realiza sus cuentas poniéndose en los zapatos de un productor externo que le vende petróleo al país.
Esta medida, en apariencia absurda, tiene su razonamiento económico: ¿por qué vendernos más barato a los nacionales y si en el extranjero podrían pagarle mejor por el petróleo?, desde este punto de vista el Estado calcula el precio y nos subsidia parte del mismo, dichos subsidios se están desmontando paulatinamente desde hace varios años.
La intención en esto último es que las finanzas del gobierno no se vayan en los subsidios que otorga y que los consumidores del país acomoden su consumo a los movimientos de precios internacionales debido que al acabarse nuestras reservas petrolíferas en el mediano plazo tendremos que comprarle el crudo a otros países que nos impondrán sus precios.
Como era de esperarse muchos sectores se han sentido afectados por el aumento de $210 en el combustible y lo han manifestado públicamente, pero la verdad es que el en corto y mediano plazo parece que las cosas no van a cambiar.

Es la opinión de este bloguero que el gobierno debería ser más creativo a la hora de realizar estos aumentos para que se creen estrategias que mitiguen los efectos en sectores sociales que sean vulnerables, mientras que los otros sectores de consumidores deberán aprender que tarde o temprano el petróleo nacional se va a acabar, ya que no somos potencias petroleras, y que estarán en la obligación de racionar su consumo según los mercados internacionales y los factores nacionales.
Buen artículo, los que piden gasolina barata confunden a Colombia con Venezuela!...
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