TRES DESASTRES PARA UN PUEBLO CON UNO DE LOS TRES MAYORES PIB

El 11 de marzo 2011 marcó la extinción de miles de vidas en la historia de la isla de Japón, un terremoto de 9,0 grados en la escala sismológica de magnitud y un posterior tsunami o maremoto que arrasó extensas áreas costeras de la nación nipona constituyeron en su conjunto la peor tragedia enfrentada por este país después de los dos ataques con bombas atómicas en el años de 1945 sobre su territorio.

Para el 23 de marzo de 2011, la Agencia Nacional de Policía de Japón había anunciado que las cifras ascendían a 9.199 muertos y 14.000 desaparecidos debido al movimiento telúrico con epicentro en la provincia de Sendai.


Al margen
de los terribles costos en vidas humanas de esta catástrofe y de las duras condiciones que deben afrontar los sobrevivientes de este país asiático, que merecen toda la atención y consideración posible, también es válido detallar y analizar varios efectos de carácter económico que tan lamentable hecho ha generado en el mundo.

Japón es la tercera mayor economía mundial, después de Estados Unidos y China, desde su reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial, el país se convirtió en un ejemplo modelo del crecimiento económico que pasó de ser una nación devastada por la guerra a un país élite en el desarrollo de la ciencia, la innovación y el consumo.

A pesar de que en los últimos años su economía marcaba una profunda desaceleración, motivada principalmente la falta de estímulo en la demanda, sui PIB se ubicó en 5.390.897 millones de dólares en el año 2010 (una suma que supera a la de toda América Latina y equivale a unas 20 veces a la de Colombia.).

La nación nipona se ha convertido en un jugador de peso en el mercado internacional gracias a poseer importantes empresas que son proveedoras mundiales de productos tecnológicos (especialmente fabricantes de automóviles, artículos electrónicos y equipos de construcción) y a que es uno de los mayores inversores en otros países.

En este contexto son compresibles las reacciones iniciales de los mercados internacionales donde las bolsas de valores marcaron grandes pérdidas y tendencias a la baja debido al negativismo de los inversores ante dicha situación debido al desconocimiento de los verdaderos efectos de la tragedia.

A esto se le suma que las aseguradoras y reaseguradoras tuvieron que vender sus activos financieros en los mercados bursátiles para obtener la liquidez necesaria para responder ante sus clientes afectados por los hechos, este aumento de la oferta presiono aún más la caída de los precio de los activos financieros.

En las semanas posteriores, al conocerse mejor los efectos de la tragedia y gracias a la intervención concertada del G-7 para evitar la revaluación del yen en el mercado de divisas que ponía en riesgo la recuperación económica del país nipón, los mercados se tranquilizaron y empezaron a cerrar al alza. Igualmente el mundo empezó a recordar que Japón ha tenido un impresionante record de recuperación económica frente a otras catástrofes naturales, incluso terminado en condiciones mejores que las iniciales.

Sin desconocer la tragedia humana que significo la pérdida de vidas, la mayoría de las áreas afectadas por
el tsunami estaban constituidas por pensionados y pescadores, lo cual no afectó en gran medida el aparato productivo del país, a diferencia del terremoto de Kobe en 1995, del cual los japoneses se recuperaron con excelentes resultados.

Pero es necesario también analizar el tercer desastre que golpeó la isla como consecuencia de los dos primeros, varias plantas de energía atómica entraron en emergencia, siendo la planta nuclear de Fukushima la que ha generado el mayor impacto negativo. Los temores a que los reactores nucleares generen una fisión nuclear y que derritan las estructuras que los rodean y que evitan las fugas de radio-actividad al ambiente han causado pánico en la población y evacuaciones en las áreas cercanas.

Hasta el momento, el desastre atómico no se ha podido controlar en su totalidad y se han registrado fuertes incrementos en los niveles radioactivos en el ambiente. Tal situación ha hecho reconsiderar a varios países e inversores privados sobre la conveniencia de expandir sus inversiones en programas de energía nuclear.

Aunque la mayoría de los expertos consideran que la energía nuclear es una fuente de energía segura y que los riesgos son asumibles, se espera que este incidente ralentice o incluso frene la inversión en energía atómica y que se estimule la demanda mundial por otros proyectos de energía termoeléctrica a través del gas y el carbón, estos últimos no son considerados fuentes de energía limpia porque generan gases del efecto invernadero relacionados con el calentamiento global.

Ahora sólo queda esperar que la fuerza del pueblo japonés sea suficiente para que se recuperen de este duro golpe que la naturaleza le ha dado, tanto por su bien como por el bien del resto del mundo globalizado y decirles “Gambatte kudasai!” (¡Ánimo por favor!).

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